Un trío diferente…

Este jueves 12 de mayo, un amigo me pidió hacer un trío con su esposa, ya lo habían platicado y yo les gustaba para cumplir su fantasía, accedí de inmediato ya que su mujer siempre se me había antojado, la cita sería el  sábado 14 del mismo mes en Cuernavaca.

Marco, mi amigo, me solicitó ciertas cosas como que mi vestimenta debía estar compuesta por un corsett negro de agujetas, liguero y sin pantaletas, pero lo más importante de todo era que pasara lo que pasara yo lo debía obedecer en todo. Yo acepté, a veces me gusta ser sometida y aquí comienza lo que pasó aquél sábado

-No dejes de mirarme.

Trago saliva sin decir nada y miro directamente a su esposo, que estaba sentado en el amplio sillon de cuero, a tres metros de ella. Tenía que bajar ligerame la vista, no sólo debido a su altura, sino porque estaba de pie sobre una plataforma elevada. Estaba completamente desnuda. Mi amigo, sin embargo, parecia completamente a sus anchas, vestido con una camisa de seda color turquesa brillante, casi del mismo color que sus ojos.
El es un hombre atractivo, alto, velludo como siempre me han gustado, pero su mujer es muchísimo más guapa es una tremenda mulata de ojos verdes con unos senos exquisitos, al igual que su bien perfilado trasero. Mi amigo estaba de lo más cómodo y se arrellanó ligeramente entre los blandos cojines, con los brazos extendidos a lo largo de los curvados brazos del sillón y sus piernas abiertas sólo lo justo para revelar un notable bulto en su pantalón.
Su esposa esperó hasta que él la miró a los ojos, hasta tenerla en su poder, antes de hablar de nuevo.

– Sujétala

Sin saber a qué atenerse, ella intento seguir respirando, concentrarse en el consuelo que para ella representaba contemplar el rostro de su pareja, mientras que yo me movía ágilmente a su alrededor, sin ser vista en la penumbra. Tomé las cosas que me otorgó mi amigo para sujetarla y en un instante se encontro abierta de par en par, brazos y piernas extendidos y separados todo lo posible mediante suaves sujeciones de cuero unidas a unas cortas cadenas, que subian hasta un punto más allá de su campo visual. A su espalda habia un poste acolchonado. Lo unico que ella podía ver era a su esposo Cuando se movio ligeramente, las cadenas se tensaron. Estaba expuesta, indefensa.
Mi amigo la contemplaba con mirada ardiente. Rosalía (el nombre de ella) tembló de forma casi imperceptible, con una mezcla de miedo y de un comienzo de excitación.

– Tiene el cuerpo precioso, ¿verdad?. Tócala, compruébalo por ti misma. -Me ordenó-

Mientras que yo pasaba mi mano por su torso y vientre ella pudo ver como su esposo liberaba su miembro de su prisión para empezar a sobarlo. Ella al ver tan erecto el falo de su esposo, los musculos de su propio estómago se retorcieron, al principio debido a la sorpresa, despues con los rapidos espasmos de la excitación.

No me miraba, para ella era una extraña que la tocaba: sólo le importaba su esposo. Ella sabia bien cómo era el tacto de aquel cuerpo largo y tenso, de aquella piel cubierta por exquisitos vellos y caliente, su clítoris se endureció al ver a su amado masturbándose, lo hacía con tres dedos poniendo énfasis en el glande para bajar después lentamente por todo el tronco de el exquisito falo. La mujer encadenada se inclino hacia delante, ofreciendose inconscientemente, imaginando mientras tanto que eran sus manos las que se adueñaban del cuerpo de su marido.

Entonces él sonrio, con ojos soñadores pero en tono autoritario.

-Jolie, Ahora los pezones.-

-Oh! – gimio ella suavemente, mientras que mis dedos los sujetaba para retorcérselos después, primero uno, luego otro.

Sus caderas se agitaron ante las sensaciones que surgían inmisericordes de entre sus piernas. La humedad empezó a resbalarle entre los muslos.

-¿Cariño?- en un ahogado gemido, lo llamó

-Aprietaselos mas Jolie. –

La cautiva gimio, notando un creciente fuego en lo más hondo del vientre, un fuego que subia por toda su espalda.

-Arrodillate frente a ella. -exigió su marido, dejé caer una mano entre sus piernas para a continuación pasar mis dedos arriba y abajo, por la sensible piel de las ingles.

– Trabaja sus piernas, pero no te acerques al clítoris.- Me encantaba éste nuevo juego, lo obedecía sin más ni más, además de que estaba disfrutando enormemente el cuerpo de su mujer, mi vagina ya estaba más que encharcada.

Rosalía comenzó a gemir constantemente ahora que mis manos amasaban sus nalgas y muslos, encadenada arqueo la espalda, incapaz de contener el placer que sentía. Su clítoris estaba sumamente erecto, yo estaba segura de que le latía dolorosamente, demandando atención urgente. Estremecida, hipnotizada por la vision de su marido, que pasaba perezosamente por entre los hinchados pliegues de su piel, intento liberarse de las cadenas que la mantenían prisionera, sin pensar lo que hacia.
Oyó como su esposo emitía gemidos, vio su mano temblorosa frotandose contra la base del expuesto pene y notó como su propio cuerpo se crispaba en lo más hondo. “Acariciate, amor mio. Hazlo, sabes que deseas hacerlo: hazlo, hazlo…”.

Gimió, desesperada por notar las caricias de su marido, mientras sus caderas se agitaban en el aire.
El tentador murmullo del orgasmo inminente recorrió su vientre cuando uno de mis dedos comenzó a explorar suavemente por entre sus piernas, enviando oleadas de fuego desde el clítoris a toda la pelvis.
Si empujaba solo un poco hacia delante, aquel dedo la rozaría con la fuerza suficiente para hacerla llegar… él hacía caso omiso a los quejidos de amada que salian de su boca mientras intentaba zafarse del cuerpo y el acero.

-¡Por favor!

-Jolie Acaríciala. Ten mucho cuidado. Si lo haces durante mucho tiempo llegara al orgasmo. ¡Y no quiero que llegue!

Sintiendose completamente impotente luchó por centrarse en su amado, pero estaba perdiendo el control a toda velocidad. Ya no le importaba lo más mínimo quien la estuviese tocando, siempre que el contacto no se detuviera.

-No más -suplico- No puedo soportarlo….Jolie mete completo el dedo, toca mi clítoris!- Me suplicó

-No quiero que llegues sin mi permiso- jadeo mi amigo; su mano recorría arriba y abajo su pene, con tal rapidez que apenas podía distinguirse.

“Demasiado tarde… Voy a llegar…. tengo que llegar”. La cautiva se limito a gruñir, frotándose desesperademente contra mis dedos que la atormentaban.

-Frotala más rápido, pellízcala. Le encanta. -consiguió decir su marido, respirando dificultosamente entre los dientes apretados, retorcido sobre el sillon con las piernas rígidas y abiertas de par en par.

– Cariño…está haciendo que me venga….¿Puedo?

-Lámela Jolie.

Ella gimió cuando mi suave y cálida lengua la recorrió por completo, finalizando con una larga y firme caricia por todo su clítoris. Con la ultima brizna de fuerza que le quedaba buscó el rostro de su amante, con ojos casi totalemte ciegos de deseo.

-Por favor…, por favor…. ¿puedo ya?

Él se me acercó me pusó en cuatro y de un sólo golpe me penetró

-¡Sí, nena, sí! ¡Me voy a venir! -gritó mi amigo, mientras su pene entraba y salía frenéticamente de mi jugosa vagina, me empecé a venir estrujando con mis paredes vaginales la verga de mi amigo consecuencia de mis múltiples orgasmos, mientras él vaciaba dentro de mi su exquisito orgasmo.

Rosalía se quedó muda, atónita, en blanco mientras que yo me aferré a sus caderas con ambas manos y le succionaba por entero. Las manos de la cautiva se cerraron hasta convertirse en puños por encima de las muñequeras que la sujetaban, y su cuerpo se aplastó contra mi rostro. Con la cabeza echada hacia atrás y los tendones del cuello destacados como cables tirantes, gritó mientras los desgarradores espasmos del orgasmo también la traspasaban.

Por un instante los unicos sonidos que resonaron en la estancia fueron los de su simultanea liberación. Despues no se oyó más que el rumor de un suave sollozo.

-Desátala. -jadeo debilmente su marido.

La desamarre delicadamente y cuando por fin  la cautiva fue liberada se derrumbó sobre sus rodillas sacudida por algo más que el placer, su amado estaba allí para acogerla en sus brazos y yo sólo me quedé observándolos con una sonrisa de gran satisfacción…

3 comentarios to “Un trío diferente…”

  1. uff!!! como siempre tus relatos cargados de erotismo y mucha mucha pasion .. me dejan😯 ..

  2. WOW! Vi esto en las entradas más populares de WordPress en español!!! Felicitaciones! Ya mismo me pongo a leerlo!

  3. Ya e leido unas cuantos historias o vivencias tuyas y son muy buenas, vaya que te disfrutas mucho. Espero muchas mas de esas, suerte para tu persona porque para lo que haces no ocupas ni madre.

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