Mi extraño del Starbucks…

Después de haber tomado mi sesión de fotos de desnudo, quedé muy excitada por el momento que, para mi, fué de lo más erótico. Con mi amigo no podía hacer absolutamente nada ya que el es homosexual así que decidí tener un encuentro sexual con algún desconocido por lo que decidí que mi punto de encuentro sería el Starbucks.

En aquella acogedora cafetería, lugar de paso yencuentro de presurosos ejecutivos, me senté en el rincón más alejado de la luz, en una de sus mesas color ambar y sillones cafés con aire aparentemente ajeno de todo lo que me rodeaba.

A mi vista, veía un  total de nueve mesas. En cada una de ellas un hombre. Se diría que todos se ignoraban entre sí. Cada uno de ellos inmerso en sus cosas, absortos en sus negocios tal vez  en la lectura rápida de los periódicos de donde poder sacar ideas para nuevos
proyectos y mas negocios. Aunque aparentemente parecían estar todos  relajados, en el fondo el estrés les dominaba intensamente por dentro. La ansiedad y el estrés convivían con ellos, formaban parte de sus absurdas y agitadas vidas. Eran hombres de hoy. Hombres
de diseño. Hombres programa. En sus vidas, las metas estaban perfectamente marcadas: subir, escalar, escalar y subir. Todo al precio que marcase el mercado, sin importar cuál fuese ese precio.

Extrañamente, ese día era un ambiente tan notablemente masculino en el que mi presencia destacaba poderosamente. Mi actitud se
asemejaba en cierto modo a la de ellos. Dispersa, sin fijar mi mirada en nada aparentemente en concreto. Como vagando, alejada de este mundo y desde luego sola, muy sola. No sola porque nadie ocupase una silla junto a mi, sino porque a pesar de tener tantos hombres a mi disposición, tenía un triste vacío que enmarcaba el profundo color miel de mis ojos que así lo delataba.

Aunque tengo el aspecto de toda mujer que ha madurado lentamente, para ofrecer en su sazón todo lo mejor que la naturaleza  generosamente me ha otorgado.

Me gusta mirar sin ser vista. Me gusta observar sin que nadie me advierta, para ello uso unas gafas obscuras, sin duda… Piezas de mi estrategia. Sin embargo mi deseo por ser poseída por algún caballero, estaba aumentando cada vez más, pero aquella tarea resultaba difícil en aquel pequeño recinto, donde las àvidas miradas de aquellos machos visiblemente en celo, estaban despertando en mi un deseo que había permanecido dormido en las últimas horas y que ahora, al verme rodeada de tantos penes, notaba reavivarse con
toda sus fuerza. Mi naturaleza poderosa y sensible se me avivó de inmediato.. Mis pezones se erizaron hasta el punto de notarlos muy duros por encima de mi tenue blusa. Ese día había decidido que la tersura de mis senos no necesitaban de un estrangulante sostén. Mis muslos tremolaron levemente, cuando noté que el calor húmedo que había sentido en tantas ocasiones como aquella,  se instalaba casi de golpe en mi sexo calando rápidamente mi pequeña tanga.
La sensación comenzaba a ser tan fuerte y placentera que me obligé a cruzar fuertemente una pierna sobre otra tratando inútilmente de controlar los pequeños espasmos que se estaban instalando entre los entreabiertos labios de mi vagina. Mi clítoris se empezaba a hinchar
queriendo salirse del capuchón que lo contenía. Empecé a sudar. Mi olor corporal lo había mezclado con un exquisito perfume de frutas exóticas que formaban un conjunto que hacía irresistible el deseo de cualquier macho. Recordó entonces que Luis, uno de mis mejores
amantes, era capaz de oler mi sexo en celo a metros y metros de distancia. Con el tiempo conseguí lo mismo de él, y cuando cojiamos, siempre recogía algo de semen que él había dejado para chuparlo en introducirlo luego en mis fosas nasales. Así guardaba su olor durante días y días.

La revista que tenía entre mis manos fue la excusa para acariciarme con el borde interno de mi antebrazo mis erectos y sedientos pezones. Estaba tan excitada que pensé que lo mejor sería acudir al lavabo para acabar rápidamente con aquel estado de excitación que ya  empezaba a incomodarme.

Por experta que se sea, es difícil disimular una situación tan fuerte como un sentimiento sexual desbordado. Y en ese momento estaba viviendo intensamente una de ellas. Varios de aquellos aparentemente fríos hombres me empezaron a observar atónitos. Me dí cuenta y esto aumentó aún mas mi grado de excitación. Cruzé descaradamente las piernas frente al que me parecía el mas hermoso de todos dejando al descubierto gran parte de mis muslos. Pensé que podría verme hasta mis minúscula y transparente tanga por donde podría adivinarse mi completamente depilado, pubis. Me sentí cada vez mas húmeda. Pensé que de seguir así mancharía la falda y hasta el sillón. No me importó. Entonces, él se acercó, preguntó mi nombre… Me levanté, me acerqué a su oído y le susurré “cojeme aquí mismo” mientras que con mi mano izquierda toque su ya erecto pene sobre el pantalón. Así que él sin pensarlo… Me sentó y bajo hacia mis piernas para lamer mi húmeda tanga y luego pasó la lengua húmeda por toda mi vagina.
Notó que mi clítoris quería reventar y que mi vagina se inflamaba cada vez mas.

Los hombres notaron lo que estaba sucediendo, pero no dijeron nada, era un hecho insólito. Se sintieron bestialmente envueltos por
aquella aquella escena, que les estaba regalando, tan cargada de sexo invadiendo toda la atmósfera que llegó  incluso a paralizar sus mas primitivos impulsos. Nadie se movía, pero todos me miraban con los ojos impregnados de un irrefrenable
deseo. El ambiente se inundó de ese atávico olor a hembra que hace enloquecer al macho. Todos los ingredientes de la vieja ceremonia del sexo habían sido ya convocados. Y ya se estaba iniciando.

Mis pezones estaban cada vez mas erectos, y excitados que acabarían por perforar la blusa. Resultado del excelente oral que me prodigaba, aquél hombre extraño, los empezé a frotar suavemente al tiempo que iba cambiando la expresión de mi rostro que era una
mezcla sublime de deseo, éxtasis, agonía y ansia. Metí la mano entre mis piernas, le ayudé a mi compañero a separar mis tenues bragas y el empezó a frotarme el clítoris y los labios, a pellizcarlos suavemente, empezé, a suspirar, a sudar, a jadear…

No podía mas. Levanté un poco mi trasero, subí aún mas mi falda  y deslicé suavemente mi tanga hasta dejarlas a la altura de los tobillos. Abrí ampliamente mis piernas mostrandole a mi extraño mi sexo abierto y húmedo, que acaricie acompasadamente con todos mis dedos. Empezé a introducir en mi vagina el dedo medio para sacarlo húmedo y chuparlo con deleite.

Ví como uno de los hombres ahí presentes empezó a acariciar su cabello pasando suavemente la mano por su nuca al tiempo que mi extraño me calentaba con besos húmedos y dulces que me empapan los senos desde el cuello. La lengua subiendo y bajando
despacio, se detenía de pronto para corretear por dentro de mis orejas. En un momento  fue tal la excitación que creí que llegaba inminente el orgasmo imparable. Me detuve y procuré distraer mi imaginación. Quería que aquello no acabase. Deseaba disfrutar mas y mas. Besos lentos y mas  besos de labios húmedos y jadeos medio apagados.

Poco a poco, mi extraño fue metiendo la mano entre mis trémulas piernas que ya eran incapaces de proteger con un leve movimiento la unión firme que reclamaba su sexo. Mi vagina quedaba expuesta y abierta reclamando a gritos la atención de mi extraño, mis labios
rojos burdeos enmarcaban el rosa del antro de mi vagina por el que fluía el generoso y apetecible el néctar que salía desde lo mas profundo.  Estaba a punto de estallar. El que me besaba el cuello y los labios, dejó caer lentamente su mano hacia mis pezones erectos abarcando entre su palma la masa tersa de uno de mis senos. Luego bajó su cabeza, primero circundó reiteradamente
con su lengua mis pezones tiesos y duros, luego los mordisqueó con los labios. Finalmente los chupó con fuerza provocandóme un espasmo casi agónico.

Me estaba haciendo enloquecer entre todos. Deseaba ser cojida por todos a la vez  Por la vagina, por el culo, por la boca, entre los pechos, sobre mi abdomen, entre los pies. Entonces mi extraño me levantó del sillón y me echó con violencia encima de la mesa. Me desgarró la blusa. Tomo mis manos por encima de mi cabeza inmovilizándola. Me levanto la falda y me metió su inmensa verga de una sola vez: Dura, grande, caliente, y me cojió, me cojió…como si nunca lo hubiese hecho.

Los dos empezamos a jadear, a ahogar nuestros gemidos. Yo quería moverme pero el no me dejaba. Deseaba sentir la
posesión, el dominio, me tenía inmovilizada, y me cojía y cojía, con inmenso goce, con locura pasional. En el momento del orgasmo mutuo un grito atronó el recinto, mis caderas se convulsionaban junto con las afiladas de él, sentía como su glande latía dentro de mi vagina y explotaba en semen.

Así permanecimos, disfrutando del orgasmo durante un tiempo.

Los demás embelesados, anonadados, se sentían traicionados por ellos mismos, por su cobardía, preguntándose, porque no fueron ellos los que se levantaron, más sin embargo seguían disfrutando de la escenas que les estaba brindando.

Mientras mi extraño continuaba cojiéndome, ambos sudabamos y forcejeabamos como animales en celo, gozando como poca
gente puede hacerlo, dejándonos llevar por aquel loco y profundo sentimiento de pasión, de locura, de celo nuestro placer crecía y crecía y crecía…

Me senté sobre la mesa y rodeé su cuerpo con mis rodillas y empezé a pasar su pene que empezaba a perder su turgencia, por mis pechos, restregándolo, acariciando mis pezones. Luego haciendo un canal con mis senos, colocó su pene en medio, que volvió a ponerse tan duro y amenazante como al principio. Mi extraño lo empezó a frotar y frotar hasta ponerlo a punto de una nueva eyaculación.. Luego me lo metió en la boca y lo lamí desde la base hasta la punta lo mordisqueé. Bebí su esperma que me supo maravillosamente agridulce.

Sobre la mesa… Abrí mis piernas que coloqué sobre sus hombros y le pedí que me lamiera todo mi sexo. Lo hizo, desde el culo hasta el clítoris. Una y otra vez. Acompasadamente. Suave primero, fuerte después. Chupando a veces.  Metió su lengua hasta lo mas profundo de mi vagina. Bebió mi maravilloso liquido espeso que salía a borbotones. Mordisqueó mi clítoris. Le grité que parara un momento para que me penetrara otra vez. Mi extraño obedeció y lo hizo salvajemente, pero antes metió dos dedos en mi culo entreabierto. Ambos volvimos nuevamente a tener un salvaje orgasmo.

Retiró el pene aún chorreante del interior de mi vagina. Meti mis dedos en su boca humedeciéndolos con su saliva y me froté el clítoris con ella, hasta alcanzar un nuevo y último orgasmo, me puse el abrigo, le regalé a mi extraño mi blusa desgarrada, acaricié por última vez su delicioso pene y me despedí de él con un tierno beso.

Una respuesta to “Mi extraño del Starbucks…”

  1. wow!!
    que relato tan exitante uffff!!! creo que tuve varios orgasmos mentales .. felicidades esta excelente !!
    y ahorta vengo voy al baño jejejejee

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